La crisis sanitaria del coronavirus obliga a realizar cambios drásticos en la movilidad urbana y metropolitana, con reducciones en el número de desplazamientos que superan el 90%, y con nuevos criterios de distanciamiento social para garantizar la salud, que implican un nuevo paradigma a considerar en la gestión de la movilidad de los próximos meses y años.
Ante esta situación, y con vistas a garantizar la movilidad segura y activa para transformar el sedentarismo del confinamiento en nuevos hábitos más saludables, la bicicleta aparece como clave, ya que se trata de uno de los modos de transporte más económicos y accesibles para todas las personas.
A día de hoy desconocemos cuánto tiempo va a durar la pandemia ya que probablemente, hasta que se disponga de una vacuna, habrá que mantener cierto grado de distanciamiento físico. «Ante este escenario, favorecer la movilidad en medios individuales, como la bicicleta, permitirá un retorno a la actividad de la forma más ordenada y aislada posible», afirman desde la Red de Ciudades por la Bicicleta.

«No olvidemos tampoco que la COVID-19, pandemia que afecta especialmente al sistema respiratorio, está incidiendo con una mayor gravedad en los territorios con un aire más contaminado, hecho que corroboran ya diversos estudios científicos y universidades de todo el mundo. Por tanto, habrá que evitar a toda costa recuperar el uso previo del vehículo privado motorizado que teníamos en nuestras ciudades», añaden.
Según los datos del último Barómetro de la Bicicleta de 2019, el 72% de los hogares españoles dispone de por lo menos una bicicleta, y el 51% de la población española entre 12 y 79 años utiliza la bici con alguna frecuencia. «Por tanto, el uso de la bicicleta tiene un gran potencial de partida», afirman.